La basura también requiere un gasto energético que va en aumento: cada
español produce de media al día 1,7 kilos de basura; en total 25
millones de toneladas anuales que en buena parte acaban en los
vertederos. Los expertos aseguran que se podría evitar el
vertido del 90% de los residuos generados realizando una buena gestión
de las basuras: buen reciclado (el 65% de las basuras domésticas puede reciclarse en vez de ir al vertedero), buen compostaje de materia orgánica y valorización energética.
Algunos datos recuerdan la importancia de estas medidas: una tonelada de vidrio reciclado ahorra 1.200 kilos de materias primas y 130 kilos de combustible; una tonelada de papel reciclado evita talar catorce árboles, consumir 50.000 litros de agua y más de 300 kilos de petróleo.
Por ello, asumir las clásicas tres erres (reducir, reutilizar y reciclar) o dejar en los puntos limpios los residuos que no se pueden depositar en los contenedores son otras de las medidas importantes.
Cómo reducir el consumo de electrodomésticos e iluminación
Desde 1994, los electrodomésticos vendidos en España llevan unas etiquetas que indican su eficiencia energética.
De esta manera, los consumidores pueden elegir los que requieren menos
energía. Si bien suelen ser más caros, también se amortizan en menos de
cuatro años. Por ello, después de su vida media (diez años), se
consigue un ahorro de un 74,7% del consumo eléctrico total con respecto
al consumo de un electrodoméstico no eficiente.
Ahora bien, no todos los electrodomésticos consumen igual, por lo
que conviene conocer sus características y cómo ahorrar con ellos. Así,
los frigoríficos y congeladores requieren casi el 19% de la electricidad consumida en los hogares españoles.
Por ello, es recomendable comprarlos de tamaño apropiado a nuestras
necesidades y que lleven etiquetas más exigentes que la clase A, que se
aprobaron específicamente para estos electrodomésticos: A+ (consumo
inferior al 42%) y A++ (el más eficiente, con un consumo inferior al
30%).
Por su parte, también ayuda la puesta en práctica de diversos
hábitos, como ubicar el aparato en un lugar fresco y ventilado,
mantener limpia la parte trasera, descongelar antes de que la capa de
hielo alcance tres milímetros de espesor, cambiar las gomas de las
puertas si no cierran herméticamente y abrirlo lo menos posible, evitar
introducir alimentos calientes, descongelar los alimentos en el
frigorífico para obtener ganancias gratuitas de frío, y mantener la
temperatura del frigorífico entre 3º a 5º grados, y el congelador entre
-18 y -15º grados.
Después del frigorífico, el televisor es el aparato que más energía consume en el conjunto de los hogares españoles. En este apartado, los televisores planos, cuyas ventas y tamaño aumentan cada año, son unos grandes "vampiros energéticos". Asimismo, incorporan un gas, denominado trifluoruro de nitrógeno, de efecto invernadero 17.000 veces más potente que el CO2 y que puede quedarse en la atmósfera durante 550 años.
La lavadora es el siguiente en la lista de los que más consumen.
Entre el 80 y el 90% de la energía que utilizan estas máquinas la
destinan a calentar el agua. Por ello, es muy importante recurrir a los programas en frío o de menor temperatura posible, que suelen ser los más apropiados para la mayoría de las coladas.
Asimismo, otros consejos importantes son el empleo de lavadoras con
etiqueta de clase A y sonda de agua para reducir el uso de este líquido
o de las denominadas lavadoras bitérmicas; aprovechar al máximo su
capacidad o cuando menos, usar aparatos con programas de media carga;
centrifugar y secar la ropa al sol para evitar el empleo de secadoras;
y usar descalcificantes y mantener limpio el filtro. Si se trata de una
secadora lo más recomendable es adquirir una de gas y en caso de que
sea eléctrica, de clase A, aprovechando al máximo su capacidad y con
los programas más adecuados.
El lavavajillas es otro electrodoméstico cada vez más habitual en los hogares españoles:
una cuarta parte dispone de uno. Aunque requiere el 2% del gasto
eléctrico, también puede resultar más económico que lavar los platos a
mano con agua caliente, siempre que se sigan los mismos consejos que en
el caso de la lavadora. Y si se prefiere el lavado a mano, un buen
hábito es llenar el fregadero con agua y un poco de jabón para no tener
el grifo abierto.
El cocinado de alimentos también se lleva una buena parte de la energía,
en forma de electricidad o gas natural (11%). Llevando a la práctica
consejos como los siguientes se puede ahorrar casi un 30% de este
consumo: cocinar con recipientes cuyo fondo sea mayor que el fogón;
tapar las cacerolas; preferir hornos de clase A y abrir su puerta justo
lo necesario; usar olla exprés; si se utilizan placas eléctricas,
desconectarlas unos minutos antes de la cocción, y si la cocina es de
gas, reducir el fuego cuando se esté hirviendo el alimento.
Por su parte, los pequeños electrodomésticos que producen calor (plancha, tostadora o secador de pelo) dan lugar a consumos importantes,
por lo que conviene reducir en lo posible su uso y aprovecharlos al
máximo. Y para el resto de aparatos, como abrelatas, exprimidores o teléfonos, los que no necesitan electricidad cumplen su misma función.
No obstante, algunos de estos aparatos son recomendables: utilizar
un microondas en lugar de un horno convencional ahorra tiempo y entre
un 60 y 70% de energía. En cuanto a la maquinilla eléctrica de afeitar,
puede consumir menos energía que el afeitado manual, dependiendo del
tiempo que esté corriendo el agua caliente del grifo.
Y para los equipos audiovisuales y ofimáticos
hay que aplicar los mismos consejos que para el resto de aparatos:
elegir los más eficientes, evitar el "stand by", o apagarlos si no se
va a usar. Por ejemplo, una televisión consume en modo de espera el 15%
de su consumo en funcionamiento. En cuanto a los ordenadores, se puede
hacer un uso más ecológico de los mismos,
y así por ejemplo, se recomienda apagar el monitor si no se va a usar
en más de 20 minutos y todo el PC en caso de no utilizarlo más de dos
horas. Asimismo, las nuevas tecnologías también pueden ayudar a reducir
energía, como utilizar contadores inteligentes, o facturación por correo electrónico
Cómo ahorrar en iluminación
La iluminación representa entre la cuarta y la quinta parte del consumo
eléctrico en una vivienda, aunque en algunos casos con deficiente
luminosidad natural puede suponer hasta la mitad del recibo de la luz.
Una buena forma de reducir este gasto
es recurrir siempre que se pueda a la iluminación natural, pintar de
colores claros paredes y techos, apagar las luces si no se necesitan,
mantener limpias las tulipas y bombillas o instalar sistemas
economizadores de energía.
Y aunque son más caras, las bombillas de bajo consumo ahorran hasta un 80% de energía y duran ocho veces más,
por lo que acaban siendo amortizadas: un modelo de 11-15 W puede
ahorrar a lo largo de su vida unos 68 euros y evitar la emisión de casi
media tonelada de CO2.
Via: Consumer.es