Son uno de los instrumentos imprescindibles para valorar la
alimentación de la población, a pesar de ciertas limitaciones que se
están subsanando en el ámbito internacional. Las tablas de composición de alimentos son un instrumento fundamental e
imprescindible para profesionales de la nutrición y la alimentación y
de campos afines. Los datos que suministran estas tablas resultan de
gran utilidad para diseñar políticas nutricionales, investigar en
nutrición, diseñar nuevos productos e, incluso, para proporcionar
información de interés a los consumidores, cada vez más preocupados por
conocer las características de los productos que consumen.
A pesar de que son una herramienta muy útil, que sirve para
evaluar, cuantitativa y cualitativamente, la ingesta de nutrientes de
la dieta a lo largo de la vida, y en diferentes circunstancias, de
salud o de enfermedad, la mayor parte de las tablas disponibles tienen
problemas de disponibilidad, utilidad y fiabilidad. Todo ello supone un
problema importante que diferentes organismos internacionales están
intentando subsanar.
Conceptos básicos
Para analizar la composición energética y nutritiva de un plato, de
una receta o de un menú completo, el dietista-nutricionista echa mano
de las tablas de composición de alimentos. Incluyen un listado con los
alimentos más comunes en los hábitos alimentarios de cada país y
describen, de cada uno de ellos, su valor energético -en kilocalorías y
kilojulios- y la cantidad -en gramos, miligramos o microgramos- de los
distintos nutrientes -hidratos de carbono, proteínas, lípidos,
vitaminas, minerales y agua.
Las cifras de los nutrientes corresponden a 100 gramos de porción
comestible de cada alimento o producto alimenticio. Por ejemplo, en un
muslo de pollo contarían los 100 gramos de carne que se comen, sin
contar el peso de los huesos. En el caso de productos vegetales o
derivados, el contenido nutricional depende del clima y el suelo de la
zona de cultivo, del grado de maduración de la cosecha y de la variedad
cultivada. Por ejemplo, hay tablas que incluyen diversas variedades de
hortalizas de un mismo género, como los tomates, que, según la
variedad, el tipo de suelo de cultivo, el clima o el momento de
cosecha, tienen una concentración diferente en carotenos.
No obstante, hay que tener en cuenta que el contenido nutricional
de los alimentos al momento de ser ingeridos puede ser distinto del
valor en crudo. Este valor varía según la forma en que hayan sido
preparados o cocinados y por los cambios que hayan sufrido durante su
almacenamiento. Conviene recordar que, incluso en los laboratorios
especializados, los análisis tienen un margen de error, que difiere
según el nutriente; que los valores de la tabla corresponden a la
cantidad total del nutriente presente en los alimentos analizados,
crudos o preparados según sea el caso, y que no necesariamente
corresponden a las cantidades biodisponibles para el organismo humano.
Las tablas que recogen el contenido nutricional, por tanto, son una
herramienta muy útil, pero con limitaciones, por lo que se han de
utilizar cuidadosamente.
Limitaciones
El reconocimiento de la complejidad de las relaciones entre dieta y
enfermedades ha aumentado de forma significativa en las últimas
décadas. El conocimiento de las condiciones nutricionales de una
población es esencial para seleccionar e implementar políticas y
programas efectivos para el bienestar nutricional, así como para
prevenir la aparición de enfermedades crónicas asociadas a la dieta
como pueden ser la malnutrición, la anemia o cualquier tipo de
enfermedad carencial, así como otras relacionadas con el exceso de
alimentación (obesidad, hiperuricemia, hipercolesterolemia...).
Gran parte de las decisiones de salud pública que tienen que ver
con la alimentación y enfermedades se toman teniendo en cuenta datos de
composición de alimentos. Las tablas de composición química son
herramientas fundamentales para evaluar el patrón del consumo de
alimentos de personas de todas las edades, por lo que es muy importante
que estos datos sean fiables.
En este sentido las limitaciones que surgen son, por ejemplo, que
la mayor parte de las tablas disponibles se han publicado en formato
papel, por lo que su disponibilidad y su difusión son limitadas, e
incluso muchas de ellas se refieren a alimentos propios de otros
países, por lo que su utilidad y fiabilidad se reduce aún más. Además,
la información no es siempre completa ni está suficientemente evaluada
ni contrastada. De hecho, a la hora de aplicar los valores de estas
tablas hay que considerar que se trata de aproximaciones al contenido
real, por lo que deben ser utilizadas conforme a los criterios que en
cada una de ellas se hayan usado para su elaboración.
Cuando se necesite mayor precisión en determinados nutrientes o
cuando se requiera discernir sobre tratamientos clínicos, el
profesional deberá decidir sobre la conveniencia de aplicar los valores
de la tabla, o solicitar mayor información sobre los alimentos y
nutrientes de su interés a los autores, o en última instancia hacer los
análisis que considere necesarios, que por otra parte son complicados y
costosos. Otra de las limitaciones es que muchas de estas tablas no dan
a conocer la metodología y la fuente de los datos utilizada en su
elaboración. Algunas incluso carecen de datos para ciertos nutrientes
de determinados alimentos.
En algunos casos hasta se podría hablar de errores. Por ejemplo, en
algún documento la suma de los distintos ácidos grasos de un alimento
concreto es superior al valor total de lípidos para ese mismo alimento,
lo cual es un error, ya que precisamente el sumatorio de los ácidos
grasos debe ser menor al valor total de lípidos, ya que el alimento
contiene otras grasas como el colesterol o los fosfolípidos cuyo valor,
para este último componente, no se contempla en las tablas.
Para tratar de paliar estas deficiencias, tanto en el ámbito
europeo como internacional, se están desarrollando las denominadas
Bases de Datos de Composición de Alimentos (BDCA), mucho más
operativas, accesibles y completas. La red BDECA
española reunirá los datos ya publicados por el Ministerio de Sanidad y
Consumo y por distintos centros nacionales de investigación, así como
aquellos en poder de la industria del sector a los que se unirán otros
nuevos que se generen. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y
Nutrición coordina las reuniones de los participantes en este proyecto
de red en España.
Proyecto EUROFIR
El Proyecto EuroFIR
(Fuentes Europeas de Información de Alimentos) constituye la primera
fuente integrada de información europea sobre composición de alimentos.
Esta red, en la que participan centros de investigación, universidades
e instituciones sanitarias de diversos países europeos, utiliza la
interrelación de las bases de datos de los distintos países europeos y
permite la gestión, actualización y comparación efectiva de las mismas.
Fue en el año 2006 cuando el Ministerio de Educación y Ciencia
impulsó la creación de la RedBDECA con el fin de que España contara con
una base que pudiera integrarse en el EuroFir.
Tablas del CESNID
Una de las tablas de composición de alimentos con información más
completa es la diseñada y elaborada por el Centro de Enseñanza Superior
de Nutrición y Dietética catalán (CESNID). El objetivo, según sus
autores, es "proporcionar un instrumento básico de cálculo sin valores
desconocidos y el de ser empleadas como herramienta habitual en muchos
de los trabajos del sector de la alimentación y la nutrición".
Estas tablas incluyen, además de los datos de composición, las
recetas utilizadas en los cálculos (por ejemplo, para el flan de huevo:
1.000 ml de leche entera, 350 g de azúcar, 500 g de huevos, piel de
limón/naranja y canela); tablas de porciones de alimentos, densidades
de alimentos líquidos, y los nombres científicos de los alimentos.
Las tablas se han realizado con el método indirecto a partir de la
recopilación de datos ya existentes de diferentes fuentes; tablas de
composición españolas y extranjeras, publicaciones científicas que
ofrecían datos de composición, datos obtenidos de empresas del sector
agroalimentario, tesis doctorales y datos procedentes de laboratorios.
Estos datos han sido objeto de un tratamiento y selección, con la
finalidad de ofrecer valores lo más fiables y representativos posible,
esto es, datos correspondientes a alimentos del mercado español.
Via: Consumer.es