Para que la información de la etiqueta sea eficaz es imprescindible
dotar al consumidor de los conocimientos mínimos sobre términos
nutricionales. El punto más visible de la información nutricional de un alimento es la
etiqueta, principal herramienta para ayudar al consumidor a elegir los
alimentos que más le convienen. La información que debe recibir el
consumidor debe ser no sólo rigurosa sino también comprensible. Una
investigación llevada a cabo por el Consejo Europeo de Información
sobre Alimentación (Eufic) revela que la mayoría de consumidores ya son
capaces de comprender cierta información más «científica» sobre los
aspectos nutricionales de las etiquetas, y que la que más valoran es la
que hace referencia al aporte calórico. Pese a todo, los analistas
admiten que todavía quedan algunas lagunas que superar.
A pesar de que la mayoría de los consumidores europeos demuestran
tener nociones bastante aproximadas sobre términos nutricionales como
calorías, grasas o carbohidratos, aún existen vacíos que solucionar.
Según el estudio de Eufic, realizado en grupos de consumidores con un
amplio perfil sociodemográfico de Italia, Francia, Reino Unido y
Alemania, los consumidores no leen las etiquetas de los alimentos y no
utilizan, pues, la información nutricional para realizar una mejor
elección de alimentos. Existe, por ejemplo, una importante confusión
entre aditivos y nutrientes y los consumidores suelen dudar sobre si la
sal es lo mismo que el sodio.
La mayor parte de la investigación se ha centrado en el Reino Unido
que, junto a los otros países, se consideran los más representativos
(con distintos hábitos alimentarios y, por tanto, distintas «culturas
nutricionales»), y ha sido pensada para explorar sobre todo la actitud
del consumidor hacia el tema de la nutrición, el grado de comprensión
de esta información y la contribución real de este tipo de etiquetas.
En términos generales, la información que más valoran los consumidores
del etiquetado es la que ofrece las calorías que contiene el alimento.
Para Josephine Wills, director general de Eufic, uno de los principales
objetivos de esta información debería poder hacer frente a la obesidad,
actual desafío de salud pública en la UE. «Con el estudio pretendemos
determinar si la información energética influye directamente en la
elección de un determinado alimento», admite Wills.
El análisis, que culmina con cuatro años de revisión científica y
sistemática, aporta algunas ideas para fortalecer el etiquetado
nutricional, como añadir la información calórica en el tique de compra,
de manera que junto al precio aparezca también el número de calorías
que se han «comprado».
Lagunas
Pocos consumidores leen las etiquetas, y cuando lo hacen, rara vez
miran la información más pequeña A pesar de los intentos de los
consumidores para leer y entender la información de las etiquetas, y de
que suelen responder bien a términos como light o bajo en calorías,
la mayoría carece de la formación necesaria para tomar decisiones
basadas en la información puramente alimenticia. El denominado «sistema
de nutrición» es complejo y técnico, admiten los responsables del
estudio.
La terminología produce confusión, y los consumidores necesitan
términos que puedan comprender y que les ayuden a decidir lo que es
importante. Teniendo en cuenta que la nutrición es una ciencia, pero
que la mayoría de consumidores no son «científicos», se plantean dudas
como ¿qué son los ácidos grasos poliinsaturados?, ¿y los ácidos grasos
trans?, ¿son beneficiosos para la salud? Esta dificultad comporta poca
motivación a la hora de utilizar la etiqueta como herramienta para
poder llevar una dieta sana. Los expertos concluyen que las etiquetas
actuales no son ni sugerentes ni motivadoras. Las principales barreras,
pues, se refieren a la complejidad de la terminología, lo que provoca
que los consumidores asocien la información más a la marca que a un
consejo.
Peticiones
La investigación sugiere algunos cambios para superar problemas de
comprensión y de motivación. Estos cambios distinguen tres áreas
básicas, la primera de ellas a petición del consumidor, que solicita
que la etiqueta sea breve, clara y legible, y que la información que
ofrece esté bien estructurada (ordenada de más importante a menos).
Además, la etiqueta debe tener un remitente claro, algo que el
consumidor valora enormemente para dar credibilidad a la información.
Otras sugerencias incluyen la presentación de alternativas que ayuden a
mejorar la comprensión en forma de referencias de apoyo o páginas web.
El reto de los «comunicadores» es pasar de un método científico a
un modelo práctico que permita a los consumidores aplicar algunos de
los principios a su vida diaria. Los responsables del estudio admiten
que aún se necesita mucho trabajo para que la etiqueta se convierta en
una herramienta útil para los consumidores, sobre todo a la hora de
motivarlos para leer la información. Más figuras, listas más largas o
información más densa no son las soluciones. Los consumidores necesitan
una referencia accesible, una fuente que les aporte confianza y mayor
conocimiento sobre términos nutricionales. Incidir en la educación
nutricional forma parte de las principals acciones, y aquí es donde
reside el gran reto, admiten los responsables del estudio, tanto para
gobiernos, como educadores, profesionales de la salud y todas las
partes implicadas en la cadena alimentaria.
MEJORAR LA INFORMACIÓN
Como solución a problemas como los planteados han visto la luz ya
algunos intentos para crear un esquema común de etiquetado sobre
nutrición. El pasado mes de julio, la Asociación Europea de Fabricantes
de Alimentación y Bebidas (CIAA) lanzaba una recomendación para
unificar criterios de etiquetado delantero y trasero en los alimentos.
El sistema está basado en una lista uniforme de nutrientes como
grasas, azúcares o sales, y en la información sobre las dosis diarias
recomendadas de cada uno de estos componentes. La idea principal es
separar la información para que sea más inteligible, y acabar con el
sistema actual en el que la información aparece reagrupada en un solo
lugar.
Las orientaciones de la CIAA proponen para la parte delantera de la
etiqueta una declaración de las calorías por ración y el porcentaje que
representan respecto a las dosis diarias recomendadas. Para la parte
trasera se incluye la lista de nutrientes que contiene el producto y la
cantidad exacta de cada uno. Entonces, la Confederación afirmaba que se
trata de «recomendaciones con base científica y no discriminatoria», de
aplicación voluntaria.
Via: Consumer.es