Frente a los falsos tópicos sobre este fenómeno natural, los
científicos recuerdan que todavía es difícil pronosticarlo y reducir
sus efectos. Ni el verano es la estación por excelencia del granizo, ni el cambio
climático está provocando ahora granizadas extraordinarias, ni las
avionetas que rocían las nubes con yoduro de plata pueden evitar que se
produzca. Estos son algunos de los falsos tópicos sobre el granizo, un
fenómeno natural difícil de predecir que en España afecta de forma un
tanto curiosa. En cualquier caso, los científicos trabajan para mejorar
los sistemas de predicción y prevención que permitan reducir sus
efectos negativos.
Los expertos subrayan que, aunque se sabe que en una nube de tormenta
se forman nódulos de granizo, es complicado saber el tamaño final que
adquieren y si al caer al suelo se van a deshacer o no. No obstante,
los científicos pueden determinar el recorrido de la tormenta, así como
la variación en el espacio y en el tiempo de los elementos estudiados.
Asimismo, aunque se suele asociar el granizo con el verano, las
granizadas importantes y de peores consecuencias para la actividad
agraria ocurren en España sobre todo en primavera: mayo y junio son los
meses de mayor riesgo, si bien se pueden producir desde mayo a octubre.
Jorge Olcina,
climatólogo de la Universidad de Alicante (UA) y experto en desastres
naturales, explica que hoy en día las imágenes de radar dopler pueden
informar de la localización de la zona de granizo en una gran nube de
tormenta. Pero, al igual que la lluvia torrencial, es todavía difícil
saber dónde y en qué momento va a caer. En cuanto al tamaño del granizo
depende, en principio, según Olcina, del grado de inestabilidad en la
columna atmosférica que da lugar a la formación de nubes convectivas:
debe suponerse una mayor posibilidad de formación de granizo de gran
tamaño cuanto mayor sea este nivel de inestabilidad atmosférica.
Granizo en España
Los últimos fenómenos sucedidos en España se encuentran dentro de
lo normal por estas fechas. Ahora bien, como señala el experto de la
UA, los modelos climáticos
predicen que los fenómenos naturales adversos se extremarán, por lo que
en España se espera un probable incremento de tormentas y de este tipo
de episodios de granizo.
Por otra parte, el granizo en España se produce de una forma
peculiar. La zona con mayor frecuencia de precipitación en forma de
granizo es el norte de España. En la franja cantábrica se suelen
producir todos los años de cinco a diez días de granizo, mientras que
el Pirineo catalán y algunas zonas de Castilla tienen alto riesgo de
sufrir granizo varios días al año.
Sin embargo, el granizo que cae en el norte de España es
generalmente de tamaño pequeño y no suele producir daños. Por su parte,
las granizadas importantes con daños en la agricultura se concentran en
el valle del Ebro y litoral mediterráneo (entre Castellón y Murcia). Es
aquí donde los granizos adquieren mayores dimensiones (pedriscos) y se
ocasionan enormes pérdidas económicas en cultivos de frutales, viñedo y
hortalizas.
Métodos para combatir el granizo
Desde el siglo XIX se llevan probando diversos sistemas para
combatir este fenómeno, en especial para proteger la actividad agraria,
que suele ser la más perjudicada. En este sentido, se ha experimentado
con generadores, pararrayos, cañones antigranizo, cohetes de pólvora,
cohetes de yoduro de plata o aeronaves.
En este último punto, se han hecho particularmente famosos en los
medios de comunicación los métodos empleados por la "Asociación
Ecológica Avionetas del Moncayo" (Avimon).
Sus responsables cuentan con una flota de avionetas que vierten sobre
las nubes diversos productos químicos, principalmente yoduro de plata y
yoduro de plomo. Estas sustancias, según los impulsores de Avimon,
generan diversos efectos de cristalización en el vapor del agua de las
nubes sembradas, disgregando el granizo. Sin embargo, Jorge Olcina
afirma que ni éste ni ninguno de los métodos citados han resultado
efectivos, de manera similar a lo ocurrido con los sistemas que
persiguen la lluvia artificial.
Por su parte, los métodos de "defensa pasiva", como la instalación
de mallas de plástico antigranizo cubriendo los cultivos, son
posiblemente el único modo eficaz de lucha directa contra las
granizadas. Ahora bien, el tamaño y la velocidad de caída del granizo
también los hace inservibles en ocasiones. Además, se trata de sistemas
muy caros, por lo que se suelen aplicar sólo en cultivos de alto valor
comercial que permitan asumir su coste.
Por ello, los agricultores suelen recurrir a la contratación de
seguros para sufragar los daños por granizo, puesto que los sistemas
basados en la modificación artificial de las nubes son poco operativos.
No obstante, los agricultores se quejan del sistema de seguro agrario
combinado en España, por el que algunos cultivos tienen incluida en su
póliza la indemnización por daños de granizo y otros no. Además, la
fase de peritación de daños suele ser conflictivo, porque la
declaración del agricultor y del perito no suele coincidir.
Los científicos también utilizan sistemas curiosos para estudiar el
fenómeno del granizo y conocerlo mejor. Por ejemplo, se utilizan los
denominados "granizómetros", unos soportes metálicos con una placa
sobre la que quedan marcados los impactos del granizo al caer, de
manera que se pueden cuantificar y hacer un seguimiento temporal.
Por otra parte, los factores que inciden en los efectos finales de
una granizada son diversos: el tipo de cultivo, de manera que hay unos
que les afecta más que a otros; en que fase de crecimiento se
encuentra; la cantidad de viento; el grado de humedad de la planta (si
está mojada su elasticidad aumenta y con ello su resistencia).
Cómo se produce el granizo
El granizo se forma en unas condiciones muy concretas. Las nubes tienen
que ser de tipo Cumulonimbus, unas formaciones muy grandes de tormenta
que pueden llegar hasta los 15.000 metros de altura y cuya cima es
plana. Cuando en estas nubes se producen estrechas y fuertes corrientes
de aire ascendentes, las gotas de agua se convierten en hielo en las
zonas altas, con temperaturas por debajo de cero grados centígrados. Al
ganar peso, las gotas van cayendo, arrastrando por el camino otras
gotas que le van haciendo ganar tamaño. En invierno no suele haber
granizadas porque el contraste de temperaturas entre la cima de la nube
y la base es mucho menor, produciéndose entonces nieve.
El tamaño del granizo suele oscilar entre los 5 y los 50 milímetros
de grosor, si bien a veces caen en conglomerados irregulares
(pedrisco). Asimismo, el granizo puede ir acompañado de un tornado o
una fuerte tormenta porque la nube en la que se genera es una gran nube
convectiva donde se originan también estos otros fenómenos.
Via: Consumer.es