Cada año se detectan más casos en España, pero el número de fallecidas
desciende gracias a los avances médicos y al diagnóstico precoz. Con mucha frecuencia se oye o lee información esperanzadora sobre el
cáncer de mama: nuevos avances diagnósticos, nuevos tratamientos, mayor
conocimiento del mal y adelantos de la investigación genética que, sin
duda, permiten que cada día aumente el número de mujeres libres de la
enfermedad o de recaídas tras el tratamiento. A pesar de ello, el
cáncer de mama sigue representando un serio problema de salud pues,
cada año, más de 5.000 mujeres fallecen por su causa y aparecen unos
15.000 nuevos casos de este tumor entre las mujeres españolas.
Cáncer con esperanza
En un día como hoy, el Día Internacional del Cáncer de Mama, todas
las miradas apuntan a una sola dirección: este mal y quienes lo sufren.
Los expertos recuerdan que se trata del tumor más habitual entre las
mujeres españolas (afecta aproximadamente a entre un 20% y un 25% de la
población femenina), es la primera causa de muerte por cáncer en España
y el tumor maligno más frecuente en el mundo después del cáncer de
pulmón.
Estos datos sitúan y mantienen al cáncer de mama, desde hace años,
en el primer lugar entre los tumores que padece la población femenina
española. Estas cifras han sufrido cambios en los últimos tiempos que
hay que valorar muy positivamente: cada año el número de casos aumenta
y el número de fallecidas desciende. Esto se debe a múltiples causas,
entre las que destacan los programas para la detección precoz y los
éxitos de tratamientos oncológicos cada vez más eficaces.
Gracias a los avances médicos y a la concienciación de la población
española sobre la importancia de un diagnóstico precoz, España se
encuentra entre los países europeos con tasas más bajas de cáncer de
mama.
Estructura de la mama
La mama es una glándula y su función principal es la producción de
la leche materna durante el periodo de lactancia. Su estructura está
organizada de acuerdo a esta función principal. La producción de la
leche tiene lugar en glándulas de pequeño tamaño (pequeños sacos) que
se agrupan para formar lobulillos y estos, a su vez, se agrupan para
formar lóbulos de mayor tamaño.
Estos lóbulos y lobulillos están conectados por un sistema de
canales denominados ductos o conductos galactóforos, por donde circula
la leche materna, que van confluyendo en una estructura que recuerda
racimos de uvas (cada vez con mayor diámetro), hasta alcanzar el pezón.
Además del tejido glandular, se encuentran otras estructuras que dan
soporte, forma y tamaño a este conjunto, como el tejido graso.
La glándula mamaria sufre muchos cambios a lo largo de la vida de
la mujer, durante los ciclos menstruales y durante el embarazo y la
lactancia, básicamente debidos a los diferentes niveles de hormonas
femeninas. Por todo ello y por su principal función, la mama necesita
un gran aporte de oxigeno, función que lleva a cabo una importante red
de vasos sanguíneos que trasportan la sangre necesaria a la glándula.
Además de estos vasos, la mama tiene una enorme cantidad de vasos
linfáticos, los responsables del transporte de la linfa hacia los
ganglios linfáticos.
Diferentes fases del tumor
Cuando aparece un cáncer de mama, casi siempre lo hace en el tejido glandular (adenocarcinoma) y más concretamente en los ductos o conductos galactóforos (carcinoma ductal).
Las células de las paredes de estos conductos comienzan a multiplicarse
de forma descontrolada tras algún mecanismo que lo desencadena. Cuando
este crecimiento de células queda contenido entre las paredes de los
conductos -primera fase del tumor- se le conoce como carcinoma ductal in situ.
El carcinoma ductal in situ es un tumor muy localizado, en etapas
muy tempranas de su desarrollo que, al estar limitado entre las paredes
y membranas de los conductos, no se ha extendido a otras zonas ni
tiene, por lo general, aún capacidad para invadir los tejidos de su
alrededor ni producir metástasis a distancia. Se trata de un carcinoma ductal infiltrante o invasivo
cuando las células tumorales son capaces de atravesar la membrana que
separa a los conductos de los tejidos que los rodean y se extienden por
ellos. Entonces, el tumor crece y entra en contacto con vasos
sanguíneos y linfáticos.
En este punto, cuando las células tumorales llegan a los vasos y ganglios linfáticos, aparecen las metástasis ganglionares.
Es frecuente su localización en las cadenas de ganglios axilares y por
encima de las clavículas. Este tipo de afectación es habitual, pues
casi la mitad de las mujeres con un cáncer de mama la tienen en el
momento del diagnóstico. A través de estos vasos, las células tumorales
pueden viajar a distancia y extender el tumor a otras zonas del cuerpo.
Se trata de las llamadas metástasis a distancia. Las más frecuentes son las óseas y las que afectan a órganos como el pulmón, el hígado o el cerebro.
Las metástasis a distancia en el cáncer de mama suelen aparecer
cuando se sufre una recaída, en años posteriores al diagnóstico y, por
lo tanto, tras haber realizado tratamiento, o en aquellos tumores sin
diagnosticar que llevan mucho tiempo de evolución y están muy avanzados
localmente. Encontrar este tipo de metástasis en el momento del diagnóstico es poco frecuente.
Otro tipo de cáncer de mama que aparece en los lobulillos o lóbulos
de la glándula mamaria, y no en los conductos, es el llamado carcinoma lobular. Cuando se halla localizado sólo en los lóbulos se denomina carcinoma lobular in situ; cuando se extiende a tejidos cercanos recibe el nombre de carcinoma lobular infiltrante o invasivo,
aunque no es usual que esto suceda. Una vez producido un carcinoma
lobular infiltrante o invasivo, puede desarrollar metástasis como en el
caso del carcinoma ductal.
Otro tipo de tumor mamario, aunque poco corriente, es el carcinoma inflamatorio.
Agresivo y de rápido crecimiento, se caracteriza por un enrojecimiento
de la piel de la mama, un aumento de su temperatura y la aparición de
arrugas, piel gruesa y granulosa parecida a la piel de naranja, debido
a la falta de drenaje linfático provocado por el mismo tumor.
Factores de riesgo
No hay una causa clara que determine la aparición de un cáncer de
mama, pero sí se conocen algunos aspectos que aumentan las
posibilidades de padecerlo, lo que se conoce por factores de riesgo.
Entre los agentes intrínsecos más conocidos, aunque algunos
controvertidos, se encuentran:
El sexo: el cáncer de mama afecta principalmente a mujeres; aunque no es imposible en hombres sí es poco probable.
La edad: una edad avanzada conlleva mayor
riesgo de desarrollar la enfermedad. Cerca del 60% de los tumores de
mama afectan a mujeres mayores de 60 años y el porcentaje todavía
aumenta más a partir de los 75 años.
La genética: los últimos años se han
identificado dos genes relacionados, BRCA1 y BRCA2. Cuando estos sufren
una mutación existe una mayor posibilidad de padecer un cáncer de mama.
Hay familias portadoras de estas mutaciones, lo que aumenta
considerablemente el riesgo de padecer un cáncer de mama, que algunos
estudios sitúan entre un 50% y un 80%. A estos genes se le añaden otros
que combinados entre sí pueden acrecentar el riesgo como es el caso del
BARD1, un gen hallado en ciertas poblaciones europeas, que cuando se
combina con el BRCA2 aumenta aún más la probabilidad. No obstante, ser
portadora de estos genes no significa desarrollar un cáncer de mama con
toda seguridad. Sólo entre un 5% y un 10% de los cánceres de mama son
de origen hereditario.
Los antecedentes familiares: al margen de
mutaciones identificadas, cuando un familiar de primer grado (madre,
hija o hermana) ha sufrido un cáncer de mama, aumenta entre el 20% y el
30% el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Los antecedentes personales: haber padecido un
cáncer de mama aumenta el riesgo de padecer otro en la misma mama o en
la otra. Respecto a la enfermedad benigna de la mama, parece que puede
aumentar el riesgo de cáncer en algunos casos.
El grupo étnico: según se ha observado, las mujeres caucásicas tienen mayor riesgo de padecer un cáncer de mama.
Los factores hormonales: las mujeres que tuvieron la primera menstruación en edad temprana
(antes de los 12 años) o la menopausia en edad tardía (mayores de 55
años) tienen más riesgo de padecer esta enfermedad. Las mujeres que no
han tenido embarazos ni hijos biológicos (nulíparas) o los han tenido tarde (mayores de 30 años) también tienen mayor riesgo. La lactancia materna
que se suponía protectora frente al cáncer de mama, hoy por hoy, no
está identificada como tal. Se cree que los beneficios son atribuibles
al propio embarazo. El aborto, sea espontáneo o voluntario, no se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer de mama. En relación a la Terapia Hormonal Sustitutiva
(THS) para aliviar los síntomas de la menopausia, genera cierta
controversia. Los estudios científicos no son del todo concluyentes,
pero es probable que la THS, utilizada durante años, pueda aumentar el
riesgo de sufrir cáncer de mama. De la misma manera, el uso prolongado
de anticonceptivos, también suscita cierta polémica.
Hay estudios científicos que afirman no haber demostrado que haya
ninguna relación con el cáncer de mama, mientras que otros sugieren
algún vínculo.
Los factores ambientales: algunas
investigaciones señalan que no todas las poblaciones muestran la misma
susceptibilidad ante el cáncer de mama. Esto se puede deber a la suma
de variantes genéticas y a factores ambientales. El hecho de que el
cáncer de mama sea más frecuente en pacientes de clase social alta, más
en zonas urbanas que rurales, y haya mayor incidencia en aquellos
países donde el ritmo de vida es parecido al del mundo occidental puede
apoyar esta idea. Temas como la dieta
o la detección de alimentos que pueden proteger o aumentar el riesgo de
cáncer de mama han sido muy discutidos, aunque sí parece estar
relacionado con un mayor riesgo de padecer un cáncer de mama el exceso de peso. El papel de las dietas ricas en grasas o del tabaco en principio queda claro, aunque todavía no se conoce exactamente el motivo o mecanismo. El consumo de alcohol durante años y en grandes cantidades está claramente relacionado con un elevado riesgo de padecer este y otro tipo de cáncer.
Hay otros factores que hay que tener en cuenta y que aumentan el
riesgo a sufrir un cáncer de mama, como por ejemplo el tratamiento de radioterapia en el área torácica recibido por mujeres antes de los 30 años. A menor edad, mayor es el riesgo. Las mujeres que tienen las mamas más densas también tienen un mayor riesgo. Pero no se ha identificado relación con el tamaño de las mamas.
PREVENCIÓN Y DIAGNÓSTICO PRECOZ
Algunos factores de riesgo, como los antecedentes familiares, la
genética, la edad o el grupo étnico no se pueden evitar. Pero otros
pueden tenerse en cuenta para la prevención de esta enfermedad. Los
especialistas recomiendan evitar el alcohol y el tabaco, hacer
ejercicio de forma moderada y seguir una dieta mediterránea
sana, especialmente baja en grasas. Pero, sobre todo, insisten en el
papel clave del diagnóstico precoz del cáncer de mama mediante
mamografías de cribado en las mujeres asintomáticas.
El cáncer de mama no duele ni produce molestias hasta que no crece,
por lo que realizar el diagnóstico antes de que aparezcan síntomas es
clave para disminuir la mortalidad y llegar a las cifras de
supervivencia de los últimos cinco años, próximas al 90% (cifra más
alta que la media europea). En este caso, el tratamiento se instaura en
su fase más precoz. Para disminuir la mortalidad, a este diagnóstico se
le suman, por supuesto, las terapias utilizadas, mejor aplicadas y
optimizadas. Para ello se precisa de una población concienciada de la
importancia de las revisiones y del papel fundamental de este cribado.
A pesar de que una prestigiosa revista médica puso en entredicho la utilidad de las mamografías como herramienta de detección precoz
de esta enfermedad, los especialistas siguen sosteniendo que su valor
diagnóstico es indiscutible hoy por hoy y se traduce claramente en un
descenso de la mortalidad. Cuando el cáncer de mama evoluciona pueden
aparecer bultos palpables, cambios de forma y tamaño del pecho,
retracción o secreción líquida por el pezón.
También puede haber cambios en la piel de la mama o algún bulto en un ganglio (axila, por ejemplo). Es fundamental la autoexploración
y que al apreciar alguno de estos cambios, la mujer acuda al médico
para que se le haga un diagnóstico correcto lo más rápidamente posible.
Tratamiento combinado
El tratamiento
del cáncer de mama es multidisciplinar, es decir, precisa de la
combinación de varias disciplinas terapéuticas para conseguir un
control eficaz de la enfermedad. Estas modalidades son la cirugía, la radioterapia,
la quimioterapia, el uso de hormonas y la terapia molecular.
Dependiendo del estadio en el que se encuentre el tumor y los factores
de riesgo de la mujer, el tratamiento y las posibilidades de
supervivencia variarán.
Hay que valorar el tamaño del tumor, la afectación del tejido que
lo rodea, la afectación de ganglios y la presencia de metástasis. Las
dos primeras, cirugía y radioterapia, inciden concretamente sobre el
tumor y los ganglios linfáticos, y constituyen el tratamiento de
elección en la enfermedad localizada no metastásica. Las otras
modalidades actúan tanto localmente como en todo el organismo, lo que
se denomina tratamiento sistémico.
La cirugía es importante no sólo para extirpar
y controlar localmente la enfermedad, sino también para determinar las
características del tumor y valorar la afectación ganglionar. La
cirugía ha cambiado durante los últimos años y cada vez se realizan
intervenciones más conservadoras de la mama, en parte gracias también a
que cada vez se diagnostica más precozmente, por lo que los tumores
tienen menor tamaño y están más localizados.
Según el tamaño del tumor se realizará un tipo de intervención más
o menos radical, que puede ir desde la extirpación única del tumor y la
zona de su alrededor para asegurar que los tejidos que se encuentran
alrededor del tumor no estén afectados, hasta la extirpación completa
de la mama (mastectomía). Durante la intervención se realiza una biopsia del ganglio centinela.
Este ganglio linfático es el primero de toda la cadena ganglionar que
recibe la linfa de la zona del tumor, de forma que si está afectado, se
procede a extirpar la cadena ganglionar (linfadenectomía). Si el
ganglio centinela no está afectado, no habrá metástasis ganglionar y,
por tanto, se podrán preservar los ganglios.
La radioterapia consiste en una potente
radiación que elimina o disminuye las células cancerosas que pudieran
quedar tras una cirugía. Por lo general, la radioterapia actual obtiene
excelentes resultados en el control local de la enfermedad (en más del
90% de los casos). Habitualmente dura entre cinco y siete semanas.
Ahora se están realizando estudios con nuevas pautas de radioterapia
diferente a los protocolos actuales, para acortar los tiempos de
irradiación e intervenir en zonas cada vez más concentradas,
repartiendo las dosis de radiación de manera diferente.
De esta forma se trastorna menos a las pacientes, ya que la
radioterapia, "per se", implica muchos desplazamientos y, sobre todo en
mujeres de edad avanzada, pueden suponer un gran problema. Así, se
pueden concentrar mayores dosis de radiación, pues los efectos
negativos son sólo a largo plazo, básicamente locales y estéticos, lo
que en pacientes mayores no supondría un problema.
Además, pautas de radioterapia más cortas permitirían mayor
flexibilidad en los tratamientos de quimioterapia, introduciendo
cómodamente este procedimiento en la secuencia temporal entre la
cirugía y la quimioterapia, e incluso realizando radioterapias
localizadas directamente en los lechos tumorales durante las mismas
operaciones quirúrgicas. Sin embargo, los especialistas están de
acuerdo que son necesarios estudios que confirmen estos datos y que
garanticen que los resultados y la eficacia de estas nuevas pautas sean
las mismas a las actuales.
La quimioterapia consiste en fármacos que
destruyen las células del tumor. Las pautas de tratamientos de
quimioterapia suelen combinar varios fármacos con la idea de atacar al
tumor desde varios frentes, bien sea alterando o frenando el ciclo de
crecimiento o división de las células, bien eliminando la formación de
vasos sanguíneos que el tumor crea a su alrededor para alimentarse y
recibir oxígeno, o bien gracias a otros mecanismos de acción. Hay
diferentes protocolos y pautas de quimioterapia dependiendo de
múltiples factores. Estos fármacos están en continua evolución y hay
numerosos ensayos clínicos que permiten encontrar fármacos cada día más
eficaces.
En ocasiones el tratamiento se administra antes de la cirugía, con
la idea de disminuir el tamaño del tumor hasta que permita una cirugía
menos radical, pero dependerá de cada caso. El tratamiento tras la
cirugía se realiza con la idea de eliminar las células que puedan
quedar en el organismo, como cuando hay afectación de los ganglios.
La quimioterapia, por propia definición tiene multitud de efectos
secundarios. Debemos pensar que su finalidad es actuar contra el ciclo
vital de las células del organismo con la intención de destruirlas. Al
margen de las tumorales, otras células también sufren las consecuencias
de estos fármacos y de ahí los temidos efectos secundarios
de la quimioterapia: nauseas y vómitos, caída del vello y cabello,
perdida de apetito, bajada de defensas y mayor vulnerabilidad a
infecciones, hematomas por la disminución de plaquetas, llagas en la
boca y otras mucosas, y cansancio, entre otros.
Atacar las moléculas tumorales
No todos los tumores relacionados con el cáncer de mama presentan
el mismo patrón genético ni la misma evolución clínica. Por este
motivo, muchas de las investigaciones actuales que se están llevando a
cabo parten de las características moleculares
de los tumores y van orientadas a mejorar la efectividad de los
tratamientos quimioterápicos. Asimismo, buscan los mecanismos que hacen
a las células cancerígenas resistentes a estos fármacos para conseguir
que éstas sean más vulnerables a los tratamientos, minimizando los
efectos secundarios y, sobre todo, intentando con el tiempo ofrecer a
las pacientes tratamientos cada día más personalizados y más adecuados
a las características del tumor.
Es el caso del factor nuclear (NF)-8B descubierto recientemente y
todavía en estudio. Este factor activado predice una respuesta a la
quimioterapia del 20% y si está desactivado ésta aumenta hasta un 91%.
Esto permite predecir la respuesta del cáncer de mama a la
quimioterapia antes de su inicio, y abre posibilidades de tratamiento
buscando la forma de incidir sobre este factor nuclear (NF)-8B,
desactivándolo y favoreciendo el efecto de la quimioterapia.
El factor nuclear (NF)-8B en el cáncer de mama ostenta una posición
clave como diana de nuevos tratamientos, ya sea para conocer su
existencia, predecir "a priori" la mala respuesta a la quimioterapia y
evitar tratamientos que no aporten grandes beneficios a las pacientes
pero sí muchos efectos secundarios, o bien para poder bloquear
previamente este factor al inicio del tratamiento y aumentar así su
eficacia.
El cáncer de mama se clasifica en unos subtipos según criterios
genéticos y celulares. Cada subtipo se corresponde con su pronóstico y
resultados clínicos. Uno de esos cinco subtipos es el conocido como
HER2. Actualmente, el cribado para el HER2 de rutina en el cáncer de
mama es indiscutible y, aproximadamente, una de cada cuatro pacientes
con cáncer de mama son HER2 positivas. La aparición de tratamientos con
anticuerpos monoclonales anti-HER2 también ha cambiado las opciones de
estas afectadas, pues las últimas investigaciones realizadas afirman
que puede reducir un 46% el riesgo que el cáncer de mama reaparezca
tras el tratamiento.
TRATAMIENTO HORMONAL
El tejido de las glándulas mamarias es muy sensible a los cambios
hormonales y, por lo tanto, el crecimiento de las células cancerosas en
esta localización también. Los fármacos que bloquean la acción de las
hormonas son otro frente de tratamiento para el cáncer de mama. Son
especialmente útiles en aquellas pacientes que tienen receptores
hormonales positivos. Hay varios tipos de fármacos y tienen unos
efectos secundarios similares a los síntomas de la menopausia.
Todos estos tratamientos han conseguido ser eficaces en numerosos
casos: muchas mujeres que sobreviven a un cáncer de mama y el número
parece aumentar día tras día. Aunque las cifras son optimistas -el 85%
de las enfermas, el 90% si el diagnóstico se realiza gracias a un
programa de cribado, están libres de enfermedad a los cinco años-,
lamentablemente pasado este periodo todavía hay recaídas. La
posibilidad de recaer depende de muchos factores, pero es mucho mayor
en aquellos tumores que en el momento de su diagnóstico se encuentran
en estadios más avanzados y en los que tienen características
biológicas más agresivas.
La mortalidad por cáncer de mama representa el 16% de todas las
mujeres fallecidas por cáncer en España -unas 5.000 mujeres cada año- y
el 3% del total de fallecimientos entre las mujeres. A pesar de estas
cifras, los expertos son optimistas, ya que las cifras van disminuyendo
progresivamente. Gracias a los nuevos tratamientos, cada día más
eficaces, a los avances en la investigación genética y a la detección
precoz las cosas están cambiando.
Via: Consumer.es