La ingesta incluso moderada de alcohol durante la juventud puede
repercutir de forma negativa sobre el equilibrio nutricional y, en
consecuencia, al desarrollo. Los jóvenes son más vulnerables para desarrollar una adicción, puesto
que la progresión del abuso a la dependencia es más acelerada respecto
a los adultos. Dicho esto, los datos hablan por sí solos: uno de cada
cuatro adolescentes afirmó haberse emborrachado en el último mes. Entre
un 50% y un 75% de adolescentes de 14 a 18 años consumió alcohol en los
últimos 30 días, según el estudio sociológico dirigido por Eusebio
Megías, 'Adolescentes ante el alcohol'. ¿Cómo afecta este consumo
abusivo al organismo de los jóvenes?
Los efectos de la bebida
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cualquier consumo
de alcohol durante las edades correspondientes a la adolescencia se
considera abusivo. El alcohol es una sustancia que no aporta ningún
nutriente, sólo calorías vacías (7,1 kilocalorías por gramo), y tiene
efectos nocivos sobre el apetito, el aparato digestivo, el hígado y el
sistema nervioso. La ingestión incluso moderada (equivalente a dos
vasos de vino o botellines de cerveza diarios) tiene una repercusión
importante sobre el equilibrio nutricional y, en consecuencia, sobre el
crecimiento y el desarrollo.
Este efecto perjudicial se da sobre todo a través de dos
mecanismos: reducción en la ingesta de alimentos y modificaciones en la
biodisponibilidad de vitaminas y minerales como el ácido fólico, la
vitamina B12, la tiamina o B1, la riboflavina o B2, la niacina o B3, la
piridoxina o B6, el cinc, el magnesio, el calcio y las vitaminas, A, D,
K y C o ácido ascórbico. El consumo de alcohol perjudica la absorción o
estimula la destrucción de dichos nutrientes.
Las vitaminas del grupo B, especialmente la tiamina y el ácido
fólico, están directamente implicadas en los mecanismos de transmisión
nerviosa. La deficiencia de tiamina reduce la velocidad de conducción
de la transmisión de la información en determinados nervios. Si el
adolescente consume habitualmente bebidas alcohólicas (tanto consumo
diario como de fin de semana) o, en el peor de los casos, acaba
desarrollando una adicción, la deficiencia nutricional vitamínica
(propiciada por los efectos en el cerebro del consumo temprano de
bebidas alcohólicas) se suma a los efectos tóxicos del etanol. Esta
situación puede provocar neuropatía, daño nervioso irreparable.
El consumo de alcohol también está asociado a un déficit cognitivo
que empeora a lo largo del tiempo, sobre todo si dicho consumo prosigue
hasta la adolescencia tardía. Es algo que se ha constatado en pruebas
de memoria verbal y no verbal, en las cuales las personas bebedoras
obtienen unos resultados significativamente peores que las abstemias.
Las deficiencias nutricionales secundarias derivadas del consumo
crónico de alcohol (sobre todo la deficiencia de vitamina E) conduce,
junto con la influencia directa del etanol sobre las células del
sistema de defensas, a alteraciones de la respuesta inmune, haciendo a
la persona más susceptible a infecciones. Además, beber habitualmente
alcohol altera la concentración de proteínas en la sangre producidas
por el hígado (albúmina, transferrina, lipoproteínas) y que están
implicadas en multitud de funciones importantes como el transporte del
hierro o del colesterol en la sangre. Asimismo, aumentan los
requerimientos de proteína diaria provenientes de la dieta.
Factores implicados en los efectos
Los factores que influyen sobre los efectos que tiene el alcohol en
cada individuo son diversos, como la graduación de la bebida (cuanto
mayor sea, más rápido se absorbe), la cantidad que se ingiere, el
momento del día (es más perjudicial con el estómago vacío) o la mezcla
con bebidas gaseosas o estimulantes con tiramina, histamina o cafeína,
que pueden provocar serios problemas de salud como hipertensión
arterial. Otros factores que también afectan son el estado de salud y
las condiciones físicas y psicológicas, así como el estado de ánimo.
Las chicas presentan una peor tolerancia debido a que tienen una menor
proporción de agua corporal que los chicos y una mayor cantidad de
tejido graso donde se fijan las sustancias nocivas.
Los antecedentes
El estudio sociológico de Eusebio Megías constata que España es un
país donde desde siempre se ha bebido mucho alcohol. Los menores se han
criado en un contexto sociocultural en el que la presencia del alcohol
forma parte del «estado natural de las cosas». En la actualidad, el
acceso a las bebidas alcohólicas ha dejado de residir sólo en el ámbito
familiar, como venía sucediendo en nuestro país hasta hace pocas
décadas, y se ha situado en espacios ajenos a la familia.
Para el adolescente de hoy beber significa tomar sus bebidas
singulares en un entorno fuera del control de los adultos. Lo asocian a
diversión, desinhibición, alegría, amistad y éxito. Aunque no sea la
forma más significativa de consumir, el 'botellón' es la que más ha
trascendido y la que puede encarnar el papel de las bebidas como
articulador de ocio. Además, el alcohol es muy fácil de conseguir, ya
que existen escasas restricciones de compra para los menores. Pese a
los teóricos impedimentos legales, y según el Plan Nacional Sobre Drogas
(PNSD), el 93,8% de los escolares españoles cree que obtener alcohol es
fácil o muy fácil. La cerveza, y especialmente los licores y otras
bebidas de alta graduación como el 'whisky', el coñac, el ron o la
ginebra combinados o solos, constituyen las bebidas más populares.
Via: Consumer.es